A mediados de abril de 2006, un teniente de la Guardia Civil llamado Enrique Gómez Bastida llamó a la puerta del despacho en el Consejo Superior de Deportes de Rafael Blanco, director general de Deportes y presidente de la Comisión Nacional Antidopaje, y le dijo, de sopetón: "Hemos seguido los hilos de una investigación que llevábamos sobre importación ilegal y falsificación de medicamentos y nos han llevado a lo que creemos una enorme trama de dopaje sanguíneo. Esto no es un delito en España, pero va contra las normas deportivas. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos adelante con la investigación?".
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