El Giro gira por la historia de Italia y la de sus romanos, las batallas que puntuaron los primeros años de bachillerato y que se repiten incruentas, representación de una representación, en una carrera ciclista 24 siglos después, y sus conceptos y metáforas. El miércoles, el día del cumpleaños de Kittel y del sprint del Gorila Greipel, elogio a la velocidad resistente y la fuerza, acabaron todos en Benevento, donde, cuando era Malevento aún, pasaron los romanos por debajo de la Horcas Caudinas, y donde, unos años después, sufrió Pirro de Épiro la victoria pírrica que tanto jugo ha dado a los cronistas. Siguiendo con el hilo, el jueves, unos kilómetros más arriba atravesado el macizo del Matese y cruzada la puerta de los Abruzos a una quincena kilómetros de la meta, fue el día de la derrota pírrica de los favoritos, de Nibali, Landa y Valverde, que vieron fugarse por delante, en los dos últimos kilómetros de la extraña ascensión a la estación de esquí de Aremogna, a toda su nobleza y no supieron cómo responder.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1UWfV00
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire