El Camp Nou ha pitado a Neymar. Fue en el penúltimo encuentro liguero, ante el Sporting, en una de esas noches que lo intentaba todo y no le salía nada. Sobre todo la definición, indeciso a la hora de encarar al portero, nulo en el remate. Pero cuando le volvió a temblar el pulso, cuando la portería menguó a sus ojos, esta vez la gente le ovacionó, un grito de aliento porque se sabe que si no está bien no es por absentismo, sino que le falta la chispa y la ousadía que tantos aplausos de su hinchada como críticas de las rivales provocó. Luego, correspondió con un gol. “En ese partido se vio lo que se le quiere; le piden más porque desean que siempre juegue igual de bien, pero saben que nunca deja de intentarlo”, explican desde el Barça; “las críticas son desmesuradas y quizá algunos lo hacen para intentar desestabilizar”. Por eso, desde el club azulgrana conversaron de pasada con él, con la idea de naturalizar un proceso que entienden lógico en el fútbol. Al tiempo, confían en que recupere su mejor versión frente al Espanyol, en el derbi de este fin de semana del Camp Nou.
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