A los jugadores de baloncesto les ocurre que no te das cuenta de lo altos que son hasta que estás a su lado. Un base entre pívots es un chavalín entre adultos, ya crecidos, hasta que atisbas tu hombro a la altura de su cuello o más. El Baskonia tiene dos de esos bajitos que además parecen estar locos. A veces estar loco significa disfrutar con lo que haces. “Adams y yo -dice Mike James- siempre estamos haciendo bromas y jugar con él me quita presión. Es como mi hermano”. La frase, dicha en el tono coloquial estadounidense, va más allá de las palabras. “Mi hermano nos dejó en el segundo año de carrera -refería en un vídeo oficial del Baskonia-. Él siempre tenía fe en mí. Tú vas a hacerlo muy bien en el baloncesto, tío, me decía, y jugarás en la NBA. Y lo perdí en mi segundo año de carrera. Ahora es una motivación diaria”. Un lugar que nuca podrá ocupar Mike James (Portland, 26 años), aunque en la cancha mantengan una química especial frente a la competencia que a priori supone discutir por el puesto de base. James siempre será su brother y la química es tal que se contagian la fiebre por resolver las situaciones complicadas, por arriesgar en los momentos difíciles. No son iguales sino parecidos.
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