El Barcelona salió de golear al Getafe en el Camp Nou más feliz que unas castañuelas. Líder, miraba la clasificación y no veía rival. El Madrid estaba 12 puntos mientras el Atlético aguantaba el pulso como podía, a ocho. Aquello fue el 13 de marzo. Una jornada después, la 30.ª, los colchoneros perdieron en El Molinón y el Barça dio por bueno el empate en Vila-real. Desde entonces, acomodado en su colchón de puntos —9 sobre el Atlético y 10 sobre el Madrid—, el Barça se durmió. En tres jornadas ha dejado escapar ocho puntos. Ahora resulta que hay Liga porque sus errores le han condenado a arremangarse. En el Barcelona no buscan una sola razón, dando por hecho que si ganar es un cúmulo de aciertos, la derrota tiene mil padres.
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