Anthony Randolph envió el duelo entre el Loko y el Barcelona al quinto y definitivo asalto. El Palau no decidió esta vez. Lo hizo el espléndido pívot, o lo que sea porque juega como tal pero también como cañonero, o lo que se tercie. El jugador estadounidense, aunque nacido en Alemania y con seis años de experiencia en la NBA, cuajó un partido excepcional. Y fue a más a medida que pasaban los minutos, implacable, infalible, demoledor. No tuvo quien le echara el lazo, ni cuando tiraba desde fuera, ni cuando machaba dentro. Acabó con 28 puntos, 10 en la prórroga, siete rebotes y dos asistencias.
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