A Tulamben, un pequeño pueblo de pescadores en la isla de Bali, peregrinan centenares de submarinistas con botellas de oxígeno que buscan, cerca de la costa, casi rozando la superficie, el pecio del Liberty, un transporte de la armada de Estados Unidos hundido por torpedos japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Desciende y hacen fotografías espectaculares de los corales que se agarran al acero del barco, y de los molas molas y otros grandes peces que por allí se mueven. No muy lejos de allí, en las mismas aguas del mar de Java, Miguel Lozano se lanzó al mar más profundo el 24 de marzo pasado no en busca de naturaleza y belleza, sino de un récord en inmersión libre, la especialidad que combina todas las disciplinas de profundidad, y sus exigencias: tiempos de buceo largos, fuerte narcosis por estar expuesto durante mucho tiempo a mucha profundidad y elevada presión, flexibilidad torácica y pulmonar, control mental y buena forma física.
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