Venía a decir el eterno y añorado Luis Aragonés que, llegado el tramo final de la temporada, en los dos últimos meses de competición, cuando se deciden los títulos y se definen realmente los objetivos, para aspirar a alcanzar los logros marcados los equipos debían estar bien posicionados, con opciones, vivos. Y pletóricos de forma. Lo conseguido en tres cuartas partes del curso puede esfumarse en un desvanecimiento final. En el momento actual, el Barça es un ejemplo válido de la teoría del sabio de Hortaleza. Apeado de las semifinales de la Champions por el Atlético, los culés han dilapidado en cuatro partidos la ventaja que le daba como seguro ganador de Liga que, al parecer, tendrá que pelear hasta la última jornada con el Atlético y el Madrid.
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