El primer cohete de la Real quemó la red e incendió el partido y la Liga. La mecha la prendió la bota sutil de Xabi Prieto y el fuego ardió en la cabeza de Oyarzabal que saltó como si en vez de pies tuviera muelles y marcó los tiempos con la cabeza como si fuera un delantero centro de aquellos que golpeaban los pelotones sin importarles las costuras. Cinco minutos y el Barça ya olía a chamusquina en Anoeta. Ya que si había un lugar para redimir su atasco deportivo y psicológico no era San Sebastián la ciudad elegida. Su última victoria data de hace nueve años y en los últimos cinco solo ha logrado un empate. Quizás le guste la playa de La Concha, pero Anoeta le da repelús. A los cinco minutos ya sabía que estaba obligado a practicar un ejercicio de paciencia, a chocar con un frontón granítico, con cada piedra puesta en su sitio y la lección aprendida para rasgar todas las diagonales que Messi y Neymar intentaban con más voluntad que acierto.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/23l0rIj
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire