Bruno Henrique Pinto, extremo diestro de pies ligeros, es mineiro, como Pelé. Pupilo de la escuela del Cruzeiro de Belo Horizonte, acababa de sufrir un triste contratiempo. El pasado diciembre bajó a Segunda División con el Goiás, un pequeño club del norte de Brasil. En enero, tuvo la fortuna de fichar por el Wolfsburgo a cambio de cuatro millones de euros. Ayer fue titular por primera vez con el equipo alemán. En Champions y contra el Madrid. Con 25 años y sin más experiencia europea que cinco partidos de la Bundesliga entrando en la segunda parte. De pronto se vio ante la noche de su vida. La aprovechó a pleno. El baile que le pegó a Marcelo solo fue equiparable al estropicio que hicieron sus compañeros en la otra banda, en donde Danilo sencillamente no compareció. Arnold, Schürrle y Draxler le ganaron la espalda cada vez que atacaron el carril, prevenidos y convencidos de que el Madrid se descocía por los costados.
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