Después del 2-0 contra el Wolfsburgo, Zinedine Zidane no hacía más que repetir que no iba a volverse loco y que tenía que analizar el partido con calma para ver lo qué había pasado y evitar análisis en caliente. Esta mañana en Valdebebas dijo que lo del miércoles ya pasó, que no habló grandes cosas con sus jugadores porque todos saben que fallaron. Eso sí, el técnico francés reculó respecto a su análisis pospartido. En Alemania se quejó –hasta en tres ocasiones- de falta de intensidad y de movilidad.
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