El Madrid cantó victoria en el templo de Cruyff. Aunque difícilmente llegará a tiempo de ganar la Liga, nadie discutirá ya su condición de aspirante a conquistar la Champions. Hasta ayer no había mejor tarjeta de presentación que la de ganar al Barça. Las tornas han cambiado y ahora no se sabe muy bien qué le pasa al del Barcelona. Las derrotas no se eligen a la carta y la de ayer no solo acaba con la condición de invictos de los azulgrana, después de 39 encuentros, sino que revitaliza al Madrid. No hay hoy mejor piedra para edificar una iglesia como la que pretende Zidane que la ganada en el coliseo de Cruyff. No sonó el abracadabra con el que Luis Enrique estimula al tridente y Cristiano firmó el triunfo para agravar la pena de Messi cuando había sido expulsado Sergio Ramos.
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