El maravilloso lienzo que dibuja el Leicester se realza con el pincel de Claudio Ranieri. El entrenador que hace año y medio tuvo que dejar su trabajo con la selección de Grecia tras perder contra Islas Feroe está a tres victorias de ganar la Premier League con cinco jornadas por jugar y la perspectiva de los dos próximos partidos como local ante West Ham y Swansea. Y lo vive entre la realidad y la incredulidad, entre lo cerebral y lo emotivo. Ayer tras ganar (0-2) en campo del Sunderland acudió con el resto de su equipo a saludar a los aficionados que se habían desplazado, el rostro le tembló y asomó un puchero. “Todo Leicester estaba allí, comprendo que nuestros aficionados lo disfruten, pero tenemos que mantener los pies en el suelo. No es un día grande todavía”, trató de rebajar luego.
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