vendredi 8 avril 2016

El inamovible Spieth sufre su primer mal día en Augusta

Como el sol se estaba ya poniendo en la isla, de espaldas al furioso mar del Norte, la despedida de Tom Watson del Open tomó un aire inevitablemente crepuscular el año pasado en la catedral de Saint Andrews. Cumplidos ya los 66 años, el apodado el británico por sus cinco triunfos en su Open, creyó también llegada la hora de su jubilación de Augusta y su Masters, el torneo que ha jugado ya 43 veces y ganado dos. Como en la sureña ciudad de Georgia el sol apenas había comenzado su declinar, al último y largo y sentimental paseo de Watson por la interminable calle del 18 el aire de western otoñal que necesitaba el jugador de Kansas City se lo prestaron los árboles altos de largas sombras agitados incesantemente por el viento, sus hojas corriendo por la hierba como si en vez de en abril soplara en noviembre.

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