Fue justo antes de la media parte. Duró un instante, pero fue suficientemente expresivo, también impactante. Resulta que Messi filtró uno de sus pases, esos que se cuelan entre el central y el lateral para la carrera profunda del extremo. Lo recogió Neymar, que se enredó con el balón, que los pies no hicieron lo que le exigió su cerebro, que no corrió en vertical sino que se escoró un poco, que no chutó cuando el portero salió para tapar huecos, que tampoco le salió el regate y menos el disparo a la remanguillé. Pifia que se sumaba a unas cuantas más anteriores y que activó al Camp Nou más crítico; se escuchó una clara aunque no agresiva pitada, más para reclamarle que recobre su mejor versión que para señalarle como el problema. Pero nadie le quitará la colleja a Neymar. Aunque después cambió la historia.
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