No hubo diálogo, sino un monólogo de Alberto Contador, solo entrecortado por la voz poderosa de Nairo Quintana que le discutió el triunfo a pesar de sufrir un pinchazo en el segundo tramo de la etapa, y subiendo una cuesta. Pero la voz de Contador era un vozarrón, una tormenta en aquel intenso sirimiri que se colgaba de las cejas de los ciclistas y les avisaba del riesgo que corrían en cada descenso. Sergio Luis Henao se quedó sin voz ante el poderoso solista de Pinto, que a los seis kilómetros y medio ya había plantado su bandera, enseñado los dientes y exhibido las piernas para ganar por cuarta vez la Vuelta al País Vasco, “la primera carrera que gano cuatro veces en mi vida”, dijo antes de subir al podio. Y dijo más. Dijo que quizás volvería otra vez a esta carrera “porque nos estamos replanteando el futuro e igual lo alargamos un poco más”.
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