Desde Singapur, a 12.000 kilómetros de distancia, Peter Lim se debate en una encrucijada: despedir a Gary Neville como entrenador del Valencia o proteger su inversión en el club de la capital del Turia que compró como capricho y negocio. La humillación sufrida por el equipo en el Camp Nou ante el Barça no ha hecho más que acrecentar las suspicacias entre la afición valencianista, que no sabe a quién culpabilizar del drama deportivo que vive el Valencia. Nada nuevo en Mestalla, que cíclicamente ve cómo por su palco desfilan personajes con aires de grandeza que prometen el maná y títulos, que ilusionan a los aficionados fácilmente impresionables que no se responsabilizan de a quién entregan su amor.
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