Toni Kroos encontró su hábitat natural. Como dejándose llevar. Erguido, pálido, suelto. Fue asociándose y avanzando por el carril del ‘diez’ mientras Cristiano se le ofrecía como extremo izquierdo. Tiró dos paredes y De Marcos, Iturraspe, Beñat y Etxeita se descolocaron. No supieron si seguir al hombre o a la pelota, si tapar la banda o cerrar el medio. Hubo un segundo de vacilación mientras la pelota circulaba de bota a bota con desconcertante precisión. Rápido, a un toque, el volante central se perfiló sin esfuerzo y recordó en un par de gestos por qué su verdadero oficio es el de mediapunta. La posición que cultivó en la cantera del Bayern. Cuando pisó el área y recibió el pase, la multitud hinchó los pulmones para gritar gol. El chico flexionó las rodillas, amortiguó el balón, y sacó el tiro. Imparable para Iraizoz. Fue el 3-1 y cayó en el minuto 45. Un golpe definitivo para un Athletic que parecía ingobernable.
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