Un contragolpe fofisano, con hechuras de régimen del 78, terminó con el partido del Madrid, que acababa de empezar. Se debió al hecho no de que fuese gol, algo circunstancial, sino por las circunstancias que lo rodearon: un balón robado de Benzema a media altura de la vida y un rival tirado por Cristiano en el área, territorio en el que solía ocurrir lo contrario.
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