Puede que no sepa dónde se ha metido, aunque asegura que sí, pero Zinedine Zidane irradia ilusión y felicidad. La magia que trajo en su primer entrenamiento al frente del Real Madrid el día de Reyes sigue en el aire y parece no gastarse nunca. Lo necesitaba el club, en plena inercia, moribundo pese a las victorias, sin ganas de jugar —o eso transmitía—, sin saber siquiera a qué jugaba, y pitado por su público día sí y otro también. “Yo lo que quiero es que empiece ya el partido”, decía ayer Zidane, ansioso por empezar su andadura en el banquillo blanco y demostrar que lo que ha visto estos días —“un equipo concentrado, metido, que quiere hacer las cosas bien y que trabaja con intensidad”— es de verdad y no fruto de alucinaciones.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1OF64bs
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire