A Villar no le basta con 27 años de presidencia de la Federación Española de Fútbol. Durante ese tiempo ha tejido una red tan extensa de favores e intereses que incluso un biógrafo autorizado tendría dificultades para explicar si se presentará a las nuevas elecciones porque así lo quiere su libre voluntad o si es la madeja de colusiones la que ha tomado el piloto automático y decide por él. Resulta contrario a toda racionalidad corporativa asimilada a un sistema democrático que una persona ocupe durante 27 años el poder de una organización. Tal persistencia en el mandato es propia de organizaciones caudillistas asimilables al liderazgo presuntamente carismático o a las redes de gestión de intereses que necesitan árbitros para dirimir los repartos del botín. Para entendernos, el papel que desempeñaba Lucky Luciano en el directorio de la mafia estadounidense.
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