Se dirá: ¿qué hace un cuarentón jugando un partido intenso en un campo como Ipurua y frente a un rival como el Eibar? Defender, no; molestar, si, porque nunca ha sido cosa de Juan Carlos Valerón lo de defender sin balón, ni correr como los cobardes. Digamos que hace un par de cosas: oxigenar las jugadas mediante pases sensatos y ejecutar libres indirectos. Parece poca cosa, pero ambas cosas son asuntos para especialistas, muy renombradas en algunos casos, ninguneadas en otros. Las Palmas fue siempre por detrás, pero siempre llegó a tiempo sin que el Eibar supiera gestionar sus ventajas, ni para defenderlas ni para ampliarlas.
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