Una vez más, su primera reacción fue levantar el brazo para echar la culpa al árbitro y a su defensa; pero su palidez le delata: era su balón y está dentro de la red. Una pifia de Iker Casillas fue el origen de la última derrota de su equipo en la liga portuguesa. No es el primer gran fallo desde su llegada en julio a Oporto, ni siquiera el único de su partido contra el Vitoria de Guimaraes. Fallos suyos facilitaron la eliminación de la Champions del equipo. El gran portero de España ha cumplido 34 años, pero en su especialidad, esa edad no es la de la inmadurez, síntoma que flota en sus actuaciones.
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