Nada apuntaba en aquel lejano año 2000, cuando Florentino Pérez llegó a la presidencia del Real Madrid, que ese presidente en apariencia mesurado y tranquilo de cara al público se convertiría en una máquina de despedir entrenadores. Y todo transcurrió con cierto clima apacible en las primeras tres temporadas de Pérez en el sillón, esas en las que en el banquillo habitaba Vicente del Bosque y cada curso se saldaba con un título. Tras el despido del actual seleccionador nacional, el Real Madrid entró en una vorágine de cambio de técnicos que dura hasta hoy. Solo el intocable Mourinho, que estuvo tres años en el Bernabéu, se puede apuntar el mérito de haberse ido del club por voluntad propia, aunque con un vestuario soliviantado.
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