lundi 7 décembre 2015

Una sucesión reñida

Envuelto en un abrigo oscuro, con señales de agotamiento en su rostro, Gianni Infantino, el secretario general de la UEFA y candidato a la presidencia de la FIFA, se encamina hacia la terraza del elitista hotel Baur au Lac de Zúrich. Cuatro mercedes oscuros de alta gama y un flamante y señorial Rolls Royce, propiedad del hotel, pero puesto al servicio de la FIFA, ocupan la entrada a la lujosa residencia que alberga a los pocos dirigentes del fútbol mundial que aún no se han visto envueltos en los escándalos de corrupción. Dos de ellos, Juan Ángel Napout, presidente de la Conmebol, y Alfredo Hawit, su homónimo de la Concacaf, pasarían a engrosar horas más tarde la lista negra al ser detenidos por la justicia suiza acusados de recibir coimas millonarias por la venta de los derechos de televisión de torneos en Sudamérica y Centroamérica, así como de partidos de clasificación para los mundiales.

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