Jorge Lorenzo (Palma de Mallorca, 28 años) no se pone nunca el despertador. No le gusta. Alguien hace esa función, con más cariño y menos estridencias, para que el campeón del mundo de motociclismo esté (más o menos) a la hora y en el sitio. Es dormilón. Y no soporta el aire acondicionado, así que siempre viaja con un fular para cubrirse bien el cuello. Su garganta es delicada, por eso el agua que bebe nunca está demasiado fría. Y aunque controla con un celo admirable su dieta (a base de pechuga de pollo y arroz blanco), necesita tener a mano una pieza de fruta o un tentempié por si le entra un ataque de hambre.
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