Gerard Piqué rebajó de decibelios su discurso, un tanto apaciguador y lejos de la polémica que le envuelve en las últimas semanas por poner unos emoticonos de risa en Twitter cuando el Madrid la pifió en la Copa del Rey al alinear a Cheryshev y por tildar encubiertamente de cono a Arbeloa. “No tengo nada más que decir. Dije que no era un amigo sino un conocido. Cada uno sacó su conclusión e interpretó lo que quiso. Creo que fui claro”, resolvió el central azulgrana, que luchaba por no bostezar ni dormirse en la sala de prensa, todavía sin superar el jet-lag. “Ocho horas de diferencia se notan mucho y el proceso es de varios días hasta adaptarse. No es una excusa, pero es algo a tener en cuenta”, indicó al tiempo que se frotaba los ojos.
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