Una cicatriz es un mal recuerdo. También, una prueba de existencia y de presencia. Hacia esa vertiente ha inclinado el mensaje del retorno a Lisboa Diego Pablo Simeone. Un año y medio después (562 días) de estar a un minuto de conquistar su primera Copa de Europa, el Atlético regresa al lugar de autos. Simeone es conocedor de lo sensible que es el Atlético cuando en el aire se masca el pesimismo. La lectura que ahora hace de esa derrota ante los jugadores que quedan (Juanfran, Filipe, Godín, Tiago, Koke y Gabi) es que aquella final fue un logro histórico. “Volver aquí es la vida. A veces te pasan cosas malas y pasas por el mismo lugar. Aquí fuimos felices por jugar la final y tristes por perderla”.
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