En el noreste de Inglaterra, en la región de Teesside, cerca del límite con Escocia, donde el río Tee muere a orillas del mar del Norte, el humo de las eternas chimeneas tiñe el cielo de gris. Lo sumerge en una interminable nube plomiza, no sólo por el mal tiempo que acompaña a la zona día tras día, sino porque las fábricas producen sin parar. Es un área industrial, que siempre ha vivido por y para la metalurgia, en especial para el acero. Bueno, esto era así hasta que en la última década se ha topado con que los hornos no han cesado de cerrar. El último, a mediados de octubre, con un saldo de 2.200 trabajadores en la calle.
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