Era tal el dominio del Eibar sobre el Valencia que el partido tenía las constantes vitales relajadas. En todas las líneas, en todos los mano a mano, en la pizarra y en el campo, el equipo de Mendilibar demostraba su superioridad sobre un rival acomplejado y nada creativo en el centro del campo. El inglés Gary Neville, que debutaba en Liga como entrenador del Valencia, decidió poblar el centro del campo con futbolistas acomodados cuando no desorientados, a los que solo André Gomes conseguía activar de vez en cuando.
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