Lo avisaba David Ferrer, un hombre que cuando habla hay que cogerle la palabra, tras caer hace dos días frente a Stanislas Wawrinka y quedar automáticamente eliminado de la Copa de Maestros: "Me juego 200 puntos más en el ránking, así que voy a ser lo más profesional posible. El público paga la entrada y trataré de jugar lo mejor que sé, por supuesto". Y del dicho al hecho. Ni amiguismos, ni concesiones, ni nada por el estilo. Un planteamiento de lo más incómodo para Rafael Nadal, que antes del careo en las semifinales de este sábado contra el serbio Novak Djokovic (15.00, Canal+ Deportes2) se metió una buena paliza entre pecho y espalda: 6-7, 6-3 y 6-4, después de dos horas y 37 minutos de partido.
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