Los remeros de Urdaibai han vuelto a bogar como un equipo. Si en la primera jornada del juicio por el presunto caso de dopaje en el club de Bermeo un testigo protegido declaró haber recibido tandas de hasta ocho pinchazos antes y después de los entrenamientos y de las pruebas, este martes nadie sabía nada. Los 12 remeros y patrones que han pasado por la sala en calidad de testigos, han coincidido de forma básica en que inyecciones sí que les ponían, pero todas intramusculares, y como mucho eran complementos vitamínicos. Aunque de hecho no lo sabían. La mayoría ha declarado que confiaban en sus médicos y en la enfermera que les pinchaba, y en consecuencia, no preguntaban. Sus declaraciones han contrastado con la del médico del club Borja Garay, el acusado para quién la fiscalía pide una pena mayor. En la primera jornada reconoció que en alguna ocasión había puesto una vía intravenosa, después de competir.
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