lundi 2 novembre 2015

Fútbol techado en Astana

El potente eco de las voces durante el entrenamiento, el nítido y retumbante sonido de los golpeos secos al balón y la rapidez con la que este circulaba por la hierba sintética del Arena Astana conforman una atmósfera de artificialidad creada por eso techado cerrado del recinto que es un prodigio arquitectónico. La sensación de un pabellón gigante para acoger un partido de fútbol indoor es inevitable. Una aberración para el purismo, una evolución lógica para los defensores del fútbol moderno, que prescinden de la épica que suele acompañar a los campos nevados para sacrificar la naturalidad del fútbol al supuesto espectáculo de un césped artificial e inmune a la climatología.

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