La ansiedad y las dudas pudieron con la mística y la fiabilidad del Madrid en su pabellón. Esta vez no hubo milagro y el campeón cayó ante el rocoso Khimki, liderado por la genialidad de Tyrese Rice (18 puntos y 8 asistencias), certificando así su entrada en un atolladero. Llegaban los blancos a la 6ª jornada de la primera fase con más exigencias y apreturas de las previstas después de sus tres derrotas a domicilio ante Khimki, Fenerbahçe y Estrasburgo –que pudieron ser cuatro si Carroll no hubiera embocado in extremis el triple que sirvió para rendir al Bayern en el Barclaycard Center- y quedaron situados en la cornisa de la competición. El presumible margen de maniobra del campeón para afinar su puesta a punto quedó acortado hace semanas, en buena medida, por la peor secuencia defensiva del equipo en la era Laso (casi 85 puntos en contra por partido) y se esfumó tras un nuevo patinazo ante el conjunto ruso. “Ya hay muy poco margen. Llega el final y solo pasan cuatro equipos. Tenemos que trabajar, bajar el culo atrás y pasarnos más la pelota en ataque”, resumió Llull con rictus de ecce homo tras el partido.
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