Esta es fue una de esas victorias que se cotizan en lo emocional. Fue un 1-2 que patinó sobre el estadio panameño hasta que el árbitro dijo basta y dejó que Costa Rica celebrara sus tres puntos sí, su paso adelante en la eliminatoria hacia Rusia sí, la derrota de un rival directo sí, pero sobre todo que montara un festejo de autoconfirmación ante un rival que ya lo mira a los ojos sin pestañear. Costa Rica celebró esta noche su triunfo en Panamá porque sabe nunca estuvo seguro.
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