Una sosaina copia del Madrid, que tiene sonámbulo a Benítez, no bastó para descarrilar al borroso Atlético que quiere mutar Simeone. De la transición de uno y otro, en un derbi casi sin porterías hasta el último suspiro, solo sacaron partido Benzema y Vietto. El resto fue ajedrecístico, con dos entrenadores con hilos, mueve que mueve peones. Del tablero sacó más provecho inicial Benítez, y mejor rédito final Simeone, ese Espartaco colchonero empecinado en que los suyos cambien de muda. Cuando quiso jugar no pudo, cuando le dio por el arrebato que le ha caracterizado estos últimos años acuarteló al Madrid. Justo el garbo que le faltó a los madridistas, tan contenidos, tan sometidos a las ordenanzas del banquillo que acabaron con la lengua en la nuez. Dos equipos de autor aún con más sombras que luces.
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