Hace apenas dos décadas en el fútbol español abundaban los antidisturbios, defensas machotes que copaban las zonas macizas del campo. El tonelaje alcanzó su máxima cota con Javier Clemente, que llevó al extremo la germanización futbolera con un batallón de zagueros que esparcidos en su cueva natural se apelotonaban de tal modo que muchos se enquistaban como centuriones en la línea de medio campo: Hierro, Nadal, Alkorta, Abelardo, Camarasa y Voro fueron reclutados para el Mundial de Estados Unidos 94 junto al Chapi Ferrer, que no era una pértiga pero sí un carcelario de primera. Los cuatro primeros, además del Chapi, repitieron en Francia 98, donde se les sumó Iván Campo. La furia suprema, troncal con los Ciriaco, Quincoces, Belauste, Eladio, Gallego, Benito, Migueli, Camacho, Arteche…
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