Hoy día, Novak Djokovic es una quimera. Lo es para Rafael Nadal, derrotado por el número uno, que no concedió la más mínimo opción al de Manacor: doble 6-2 después de 90 minutos. Lo es para el español, pero también lo es para cualquier tenista que oposite al otro lado de la red. Hoy día, y con un generoso espectro de dominio por delante, el poder de Nole es tan abrumador que va mucho más allá de las cifras, categóricas e indiscutibles. En 2015, el serbio ha levantado ya ocho trofeos: tres Grand Slam (Australia, Wimbledon y Nueva York), cuatro Masters 1.000 (Indian Wells, Miami, Montecarlo y Roma) y un ATP 500, el de Pekín, donde contabiliza sus 29 citas por victorias y sus seis participaciones por títulos: 2009, 2010, 2012, 2013, 2014 y 2015.
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