El 10 de junio pasado, el primer ministro francés, Manuel Valls, cometió un grave desliz: utilizó un avión oficial para asistir a la final de la Liga de Campeones del Barça contra la Juventus en Berlín junto a sus dos hijos. Fue una tormenta política que Michel Platini apaciguó confirmando la versión de Valls de que él, como presidente de la UEFA, invitó al político para debatir “un cierto número de asuntos” sobre la organización del campeonato Euro 2016 tras la crisis de la FIFA. Asunto zanjado.
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