Apurado por las lesiones del equipo y por la sanción de la FIFA, Luis Enrique fue contundente hace un par de semanas: “Tiraré del filial por narices”. Fue un alegato conformista porque no le quedaba otra opción, con apenas 16 jugadores del primer equipo en pie. Pero desde que llegara al Barça, ha atendido a La Masia como no ocurría desde que Pep Guardiola estaba en el banquillo.
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