Con incontables francotiradores por los rincones, Vicente del Bosque decidió asumir la carga de la calamitosa actuación en el Mundial de Brasil y liderar su desagravio. Hombre cabal, no se trataba de anclarse al puesto como un plutócrata. Lo suyo obedecía a un profundo sentido de la responsabilidad. Quince meses después, España tiene motivos para ilusionarse de nuevo. No es que la Roja ya sea un equipo redondo, pero apunta bien y nadie brilla hoy en Europa. Además, ha sellado la clasificación con solvencia. No pueden decir lo mismo la campeonísima Alemania, y muchísimo menos Holanda, verdugo español en Bahía.
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