Sucedió como con esos bienes largamente promocionados por campañas publicitarias que luego cuando son consumidos resultan decepcionantes. El choque entre el Paris Saint Germain y el Real Madrid en el Parque de los Príncipes se anunció como el espectáculo definitivo en la fase de grupos de esta Champions. Euros contra petrodólares, ACS contra el fondo soberano de Catar, Florentino contra Al Khelaifi, Cristiano contra Zlatan. En los carteles se proclamaba la noche del espectáculo, de la opulencia, del show. En el campo, fue un desierto. Un arenal embarrado por la lluvia. El equivalente de la guerra de trincheras en el fútbol. Un teatro de lo previsible donde el ingenio de Marcelo, Jesé e Isco resultó tan inesperado como eficaz. Lo mejor del Madrid fueron estos tres muchachos de perfil bajo. A la cabeza del trío se colocó Jesé Rodríguez, que no era titular desde la visita a Gijón en la primera jornada de la Liga, en septiembre.
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