Ha pasado un verano de lo más puñetero, dos meses de dolores en los que su codo derecho le privó del aroma de Wimbledon y le puso un cepo, hasta el punto de poder pisar solo seis veces la pista desde mayo hasta su desembarco en Kuala Lumpur, esta semana. Pero ocurre que David Ferrer, a sus 33 años, sigue demostrando que es un deportista de titanio. No hay dolor, ni tendinopatía, ni percance alguno que le frene. Y, por eso, a la que su cuerpo le ha dado carrete, ha vuelto a amarrar otro trofeo y a coger vuelo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1FQqw6Z
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire