Con el lastre de la tremenda decepción que supuso el Mundial de 2014, Vicente del Bosque afrontó la fase de clasificación tras aceptar una continuidad que no tenía prevista. Al poco de aterrizar de Brasil, el seleccionador mantuvo una comida con Jorge Pérez, secretario general de la Federación en el restaurante Piñera de Madrid. Del Bosque, consciente del fuerte varapalo sufrido con la eliminación en la primera fase, acudió a la cita con la idea de renunciar al cargo. Expuso que no quería perjudicar ni a la selección ni a la Federación y que quizá debía abrirse una nueva etapa. El directivo le convenció entre plato y plato argumentándole que tenía todo el respaldo federativo y que si había que emprender una renovación a la vez que obtener la clasificación para la Eurocopa él era la persona indicada.
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