Hay veces que cuanto más fiero parece el león, menos fiero resulta. Todo era fiereza en Belgrado: que si la vocación ofensiva de Partizán, que si su afición impetuosa, que si el calor de su estadio... Que si tantas cosas que cuando tenían que ser no fueron y el estadio se heló rapidito, más aún cuando Raúl García cazó un remate de cabeza, tras un centro de De Marcos, así de arriba abajo, al bote, o sea, lo que más incomoda al portero, lo que más le enerva. Hay veces que al león lo pintan fiero, pero cuando lleva dos partidos masticados (o sea seis puntos) y la tripa llena, la digestión le pesa. Y al Partizán le pesaba tanto como al Athletic le rugían las tripas tras la derrota anterior en Holanda.
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