dimanche 20 septembre 2015

Que levanten la mano

Que levanten la mano los que hace 15 días se imaginaron a los jugadores de la selección subiendo con una sonrisa de oreja a oreja a lo más alto del cajón. Que levanten la mano los que adivinaron no que Pau Gasol iba a ser el mejor del campeonato, algo presumible, sino que lo lograría con un apabullante dominio pocas veces visto anteriormente. Que levanten la mano lo que pensaron que no iban a acordarse de Marc, Navarro, Ricky o incluso Alex Abrines, la última baja. Que levanten la mano los que después de los primeros partidos y sobre todo al caer en el mismo camino que Grecia y Francia, mantuvieron intactas sus ilusiones. Que levanten la mano lo que a mitad de campeonato seguían confiando en Víctor Claver. Podríamos seguir, pero no creo que aumentásemos una reducida nómina donde se encontrarían, siendo optimistas, los jugadores, sus familias y los optimistas más irreductibles. Vaya por delante que el que escribe no formaría parte de ella. Es posible que ahora, en el colosal éxito del tercer oro europeo, un pasaporte olímpico y tres o cuatro actuaciones heroicas, el vagón de los incondicionales, los que supuestamente nunca dudaron, se llene de polizontes. Pero reconozcámoslo, un guion así no nos lo esperábamos. Se podría decir que es un sueño hecho realidad, pero es que hasta hace cinco días, no había sueños sino pesadillas.

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