“Eso no va acabar aquí. Hemos sufrido un tropiezo que nos decepciona y nos duele a todos en el alma, pero no vamos a darnos por vencidos. Siempre hemos sabido estar, a las duras y a las maduras, digerir las derrotas, hasta convertirlas en una fuente de motivación. El año que viene volveremos a competir por el oro en el Eurobasket de Francia”. Juan Carlos Navarro, el capitán, se levantó de una de las mesas del salón Aranjuez del hotel Meliá Castilla de Madrid y arengó de esta forma a sus compañeros durante una de las cenas más tristes de las muchas que han compartido durante los últimos 16 años. Era la noche del 10 de septiembre de 2014. El equipo español, anfitrión, había caído de manera inesperada en los cuartos de final del Mundial ante Francia. El fiasco había dejado muy tocados a los jugadores, a todos los componentes del cuerpo técnico, médico y auxiliar de la selección que compartían la última cena y las últimas horas de concentración.
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