A veces los resultados ayudan a ver aquello que para muchos resulta invisible. A veces la distancia, esa periferia a la que no apuntan del todo los focos, no ayuda a que se perciban monumentos futbolísticos como los que levanta el Celta desde hace unos meses. Algo importante se erige en Vigo, donde hay un equipo que con el presupuesto de un modesto juega como un grande. Y eso trasciende del marcador. Claro, a veces hay que mirarlo: el Celta le metió cuatro al tricampeón de la campaña pasada y aspirante a levantar cinco copas antes de fin de año. Le sopló la pelota al equipo que se ha adueñado de ella durante la última década, propició su error y le goleó con prestancia, exhibiéndose.
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