El Barcelona, empecinado como está en ejecutar el acoso alto y gracias a su pie para mezclar en las zonas determinantes, logra arrinconar a la mayoría de los rivales en su área o en su zona de creación. “Muchos equipos nos esperan atrás, es algo a lo que estamos acostumbrados”, advirtió el año pasado el técnico azulgrana Luis Enrique como una consecuencia a su propuesta futbolística. El mejor ejemplo fue el Levante en el fin de semana pasado, con las líneas bien apretujadas al borde del área, con tres centrales que exigían la profundidad de los laterales azulgrana, siempre con la idea de no ofrecer fisuras ni rampas hacia el gol. “Cuando vienen equipos tan cerrados, lo que cuesta es abrir la lata. Luego llegan más goles”, expuso Bartra al acabar el duelo, que hizo diana gracias a una ruptura desde atrás y un centro medido de Messi. “En el momento en el que hemos marcado el primero, se han abierto los espacios y hemos podido hacer más”, abundó Alves. Pero eso, hasta la fecha, cuesta más de lo que costaba antaño.
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