Cayó en Berlín una tormenta de triples y España terminó empapada y tiritando. Fue un chasco mayúsculo después de las buenas sensaciones emitidas ante Turquía, donde pareció que el equipo había empezado a carburar. Pero el pasito hacia delante se convirtió en uno hacia atrás que complica mucho el camino hacia la soñada final. Las posibilidades de que España termine bien colocada son ya escasas, aunque teniendo en cuenta que ahora lo que está en juego es la simple clasificación para octavos, igual lo del puesto debería pasar a un segundo plano.
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